miércoles, 13 de noviembre de 2013

MERCADOLIBRE

MercadoLibre o MercadoLivre en portugués (NASDAQ: MELI), es una empresa argentina dedicada a la intermediación entre usuarios inscritos a su servicio de compras, ventas, pagos y subastas por Internet. Cuenta con operaciones en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Panamá, Perú, Portugal, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.
Los usuarios pueden vender tanto productos nuevos como usados a precio fijo o en la modalidad de subastas. MercadoLibre también posee MercadoPago, una compañía que ofrece diversas modalidades de cobro a los vendedores. Sus oficinas centrales se encuentran en Buenos Aires, Argentina.
Según The Nielsen Company más de 52.000 personas generan todo o la mayor parte de sus ingresos vendiendo a través de MercadoLibre y en 2009 más de 3 millones de personas y empresas vendieron por lo menos un artículo a través de este medio.
Servicio
MercadoLibre es una plataforma de comercio electrónico con operaciones en 12 países de América latina donde millones de usuarios compran y venden productos a través de Internet.
En MercadoLibre venden productos pequeñas y medianas empresas, productores, fabricantes, importadores, emprendedores, minoristas, mayoristas, individuos particulares, concesionarios, etc. Para vender en MercadoLibre es necesario registrarse en el sitio (sin costo) y completar un formulario de venta con todos los datos detalles y fotos del producto que se ofrece.
MercadoLibre tiene dos opciones para publicar:
Básica (gratuita): con una mayor comisión por venta
Normal (con costo): que permite destacar productos, con comisión por venta.
Los compradores sólo deben registrarse en el sitio, buscar los productos o servicios que necesitan y hacer clic en el botón "comprar”. Vendedor y comprador reciben los datos de su contraparte vía correo electrónico para que se contacten y perfeccionen la transacción.

Luego, ambos pueden calificarse para contarle al resto de la comunidad de usuarios cual fue su experiencia en cuanto a su contraparte, el producto y la transacción. El sistema de calificaciones permite a los compradores conocer la trayectoria de los vendedores dentro de sitio. El Sistema de Reputación de MercadoLibre cambió durante el año 2009 para permitir una más fácil e intuitiva interpretación por parte de los usuarios. Los cambios fueron definidos en función de tests de usabilidad realizados con usuarios reales y con distintos niveles de experiencia dentro del sitio.



MacBook


MacBook fue una familia de ordenadores portátiles desarrollados por Apple y que tenían como mercado objetivo los usuarios básicos, de hogar y las pequeñas empresas.1 Fueron lanzados en Mayo de 2006, reemplazando al iBook y al PowerBook 12" como parte de la transición de Apple hacía la tecnología de Intel.
Llega a convertirse en el equipo portátil Macintosh más vendido en la historia de la compañía. De acuerdo con el NPD Group (firma de investigación de mercadeo) en Octubre de 2008, el modelo gama media era el computador portátil más vendido en tiendas minoristas en Estados Unidos en los 5 meses anteriores.2
Han existido tres diferentes diseños del MacBook: el original (el cual tenía una carcasa de policarbonato similar a la del iBook G4). El segundo tipo, introducido en Octubre de 2008 junto con el MacBook Pro 15", tenía una carcasa de aluminio en formato unibody. Este modelo fue promovido a la MacBook Pro en la Apple Worldwide Conference en Junio de 2009.3 El tercer diseño, introducido en Octubre de 2009, reemplazó la carcasa original con una de policarbonato en formato unibody.

Finalmente con la llegada de Mac OS X Lion el 19 de junio del 2011 , Apple decidió hacer descontinuar al MacBook Blanco. Esto hizo que la MacBook Air de 11" fuera la computadora portátil más barata de Apple, haciendo que su sucesor fuera el Macbook Air.



EL PUDOR

Pudor es una palabra que proviene del latín y que hace referencia al recato, la modestia, la vergüenza y la honestidad. En la antigüedad, el término también se usaba para nombrar al mal olor, pero dicha acepción ha quedado en desuso.
PudorEl pudor suele estar vinculado al recato referente a la sexualidad. Constituye, por lo tanto, un elemento de la personalidad que intenta proteger la intimidad. Aquello que da pudor es algo que no se quiere mostrar o hacer en público.
Por ejemplo: “No voy a utilizar esa malla, me da mucho pudor”, “La novia de Juan Pablo no tiene pudor, ¿cómo puede usar una pollera tan corta?”, “Los fotógrafos retrataron a la pareja de actores besándose apasionadamente en el parque, sin ningún pudor”.
Además de todo lo expuesto es interesante establecer que, en gran medida, el pudor está muy relacionado con lo que serían las convicciones de la sociedad de cada momento. Así, por ejemplo, durante el Imperio Romano, los señores en muchas ocasiones no dudaban en realizar sus acuerdos o negocios mientras estaban haciendo uso de las letrinas. No sentían pudor. No obstante, esa actitud en la actualidad es absolutamente impensable.
De la misma forma, ese pudor ha ido cambiando de manera radical en lo que respecta al propio cuerpo. Así, durante el siglo XVIII se consideraba que no era educado el desnudarse delante de otras personas, sin embargo, no se sentía ningún tipo de pudor al hacerlo ante los criados. Y hoy son muchas las personas que, por ejemplo, no tienen ningún tipo de pudor de hacer top less en la playa o de acudir a una cala nudista.
En este sentido, además es curioso resaltar que históricamente se ha manifestado además que la mujer ha mostrado más pudor en lo que respecta al cuerpo y el hombre, por el contrario, en lo que se refiere a sentimientos. Algo que, desde luego, ha estado marcado por las imposiciones de la sociedad de cada momento.
De esta manera, y lamentablemente en muchos países islámicos, se establece que cualquier fémina tiene que ser pudorosa y no mostrar ningún centímetro de su cuerpo. En el caso opuesto, aunque parece ser que va cambiando, se establecía que los hombres no podían llorar pues eso les restaba carácter y masculinidad.
La experimentación del pudor no es igual en todas las personas. Los sujetos más recatados sentirán pudor por diversas cuestiones que, en otros casos, no generarían vergüenza o incomodidad. Una determinada vestimenta o un cierto comentario son ejemplos de cosas que pueden dar pudor a algunos y resultar indiferentes a otros.

Un hombre que habla sobre su vida sexual frente a una gran cantidad de personas no tiene pudor. Esa misma situación, en cambio, puede resultar traumática para otro sujeto y hasta reflejarse físicamente (la piel se sonroja, tartamudez, sudoración de las manos, etc.).



SINCERIDAD


Del latín sinceradas, sinceridad es el modo de expresarse sin mentiras ni fingimientos. El término está asociado a la veracidad y la sencillez. Por ejemplo: “La sinceridad es un valor muy apreciado en esta empresa”, “El jugador volvió a hacer gala de su sinceridad y reconoció que está jugando por debajo de su nivel”, “Si hubieras hablado con sinceridad, María estaría contigo”.
La sinceridad implica el respeto por la verdad (aquello que se dice en conformidad con lo que se piensa o se siente). Quien es sincero, dice la verdad. Si un hombre está casado y, ante la pregunta de una muchacha, afirma ser soltero, está mintiendo y, por lo tanto, no está respondiendo con sinceridad.
La cualidad que consiste en expresarse con sinceridad se conoce como honestidad. La persona honesta respeta la verdad y establece sus relaciones bajo este parámetro moral. Sin embargo, el sujeto puede autoengañarse y no ser honrado o sincero pese a que crea que, en realidad, sí lo está haciendo.
Hay situaciones que pueden llevar a la persona a dejar de lado la sinceridad, pero sin tener la intención de mentir. Las denominadas “mentiras piadosas” son un ejemplo de esta circunstancia: si un adolescente recibe un regalo que no le gusta de su abuela y no quiere herirla, dirá que está encantado con el presente (por lo tanto, no será sincero).
A veces, atravesamos malas experiencias… ¿Alguna vez has sentido la desilusión de descubrir la verdad?, ¿esa verdad que descubre un engaño o una mentira? El sentirnos defraudados provoca incomodidad, esta experiencia nos lleva a procurar que nunca nos suceda lo mismo, y a veces, nos impide volver a confiar en las personas, aún sin ser las causantes de nuestra desilusión.
Sin embargo, como los demás valores, la sinceridad, no es algo que debemos esperar de los demás, es un valor que debemos vivir para tener amigos, para ser dignos de confianza.
La sinceridad es un valor que caracteriza a las personas por su actitud congruente, que mantienen en todo momento, basada en la veracidad de sus palabras y acciones.
Si queremos ser sinceros necesitamos decir siempre la verdad; esto que parece tan sencillo, resulta una tarea muy dificultosa para algunas personas. ¿Cuántas veces utilizamos esas mentiras piadosas en circunstancias que consideramos poco importantes?: como el decir que estamos avanzados en el trabajo, cuando aún no hemos comenzado, por la suposición de que es fácil y en cualquier momento podemos estar al corriente. Obviamente, una pequeña mentira, llevará a otra más grande y así sucesivamente,  hasta que nos sorprenden.
Incluso, podemos inventar defectos o hacerlos más grandes en una persona, o cuando ocultamos el enojo o la envidia que tenemos. Cuando, con aires de ser “franco” o “sincero”, decimos con facilidad los errores que comenten los demás, mostrando lo ineptos o limitados que son.
No obstante, la palabra no constituye el límite único y visible de este valor, también se evidencia en nuestras actitudes. Como, por ejemplo, cuando aparentamos ser una persona que no somos, (normalmente es según el propósito que se persiga: trabajo, amistad, negocios, círculo social), existe una tendencia a mostrar una personalidad ficticia: inteligentes, simpáticos, educados, de buenas costumbres. En este momento viene a nuestra mente el viejo refrán que dice: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”; gran desilusión causa el descubrir a la persona como era en la realidad, alguna vez hemos dicho o escuchado: “no era como yo pensaba”, “creí que era diferente”, “si fuese sincero, otra cosa sería”.
Esto nos demuestra que no sólo debemos decir la verdad para ser sinceros, sino también actuar conforme a la verdad. Ello resulta un requisito indispensable para la sinceridad.
Si nos mostramos tal cual somos en la realidad, nos hace congruentes entre lo que decimos, hacemos y pensamos. De esta manera, logramos el conocimiento y la aceptación de nuestras cualidades, pero también de nuestras limitaciones: los demás nos quieren y aceptan como somos.
Puede ocurrir que faltemos a la sinceridad por descuido, utilizando las típicas frases “creo que quiso decir esto…”, “me pareció que con su actitud lo que realmente pensaba era que ” ; tal vez y con buena intención, opinamos sobre una persona o un acontecimiento sin conocer los hechos. Para ser sincero, debemos ser responsables en lo que decimos, evitando dar rienda suelta a la imaginación o haciendo suposiciones.
Para ser sincero también se requiere “tacto”, esto no significa encubrir la verdad o ser vagos al decir las cosas. Cuando debemos decirle a una persona algo que particularmente puede incomodarla, debemos ser conscientes que el propósito de nuestro comentario es “ayudar”, no hacerlo por disgusto o porque “nos cae mal”; además debemos buscar el momento y lugar adecuados para decírselo, esto último garantiza que la persona nos escuchará y descubrirá nuestra buena intención de ayudarle a mejorar.
De esta manera, la Sinceridad requiere valor, nunca se justificará el dejar de decir las cosas para no perder una amistad o el buen concepto que se tiene de nuestra persona. Si por ejemplo, es evidente que un amigo trata mal a su esposa o a sus empleados, tenemos la obligación de decírselo, señalando las faltas en las que incurre y el daño que provoca, no solamente a las personas, sino a la buena convivencia que debe haber.
Actuar de forma sincera implica decir la verdad siempre, en todo momento, aunque le cueste, sin temor al qué dirán. Vernos sorprendidos en la mentira es más vergonzoso.

Además, si somos sinceros aseguramos nuestras amistades, demostramos ser honestos con los demás y con nosotros mismos, convirtiéndonos en personas dignas de confianza por la veracidad que hay en nuestra conducta y nuestras palabras. A medida que pasa el tiempo, esta norma se debe convertir en una forma de vida, una manera de ser confiables en todo lugar y circunstancia.